Cáceres en sus piedras

LA RAÍZ DE VERBASCO

 

Hubo un tiempo, en la vieja villa de Cáceres, en que circulaba entre el pueblo la noticia de un remedio prodigioso contra la tisis (o tuberculosis), muy común en el primer cuarto del siglo XVIII, cuya receta, compuesta sobre la base de supersticiones y ciertos artificios mágicos, era conservada en secreto por un caballero principal llamado Gonzalo de Carvajal.

Se decía que el noble, algunos aseguraban que en persona y otros vociferaban que más bien sería por mediación algún criado suyo de confianza, acudía cada mes de agosto, durante la noche que anunciaba Luna llena, a los campos yernos que rodeaban la villa en busca del Verbasco más adecuado a sus deseos.

 

Palacio de Carvajal

 

Los médicos de la villa y de otros lugares usaban con frecuencia de esta planta, llamada así por la abundancia de pelos blancos en sus hojas, pues de sus flores y raíces extraían un zumo que, bebido, detenía los esputos sanguinolentos y algunas enfermedades respiratorias.

En cambio, el pueblo, en especial los pastores, conocían la hierba como Gordolobo, o guarda de lobo, por el uso que le daban al tronco. Cuando éste se secaba, se untaba de grasa o se sumergía en aceite, y de esta manera se prendía para iluminar las oscuras noches de los campos cacereños, y ahuyentar de paso a los lobos, que no se acercaban por miedo al fuego. Se veneraba en especial las flores, y cuando uno las encontraba en un Verbasco, la tradición mandaba no cogerlas directamente, sino arrojar dos puñados de tierra a la base de la planta y arrodillarse ante ella mientras se decía:

– ¡Tripón! ¡Tripón! Tiras las flores, las hojas no.

No extrañaba, por tanto, que Gonzalo de Carvajal, a pesar de su linaje, se dignase pasar toda una noche con el solo acompañamiento de las estrellas, y esperar paciente a que empezasen a clarear las primeras y tenues luces del alba, para coger, procediendo según un arcano conocimiento vestido de extrañas artes y ceremonias. Antes de asomar el Sol mañanero por el horizonte, arrancaba siguiendo  tal componenda, la planta… y con todo el cuidado del mundo para que no se dañara la raíz.Vuelto a casa, esperaba sus días a que se secara.

Se contaba que durante el año siguiente, la raíz así convertida en amuleto, sanaba espontáneamente a los tísicos, con la única precaución de arrimarla al pescuezo del enfermo de forma que tocase allí donde el cuello se pierde en el pecho, en el hueco que todo paisano tiene por encima del hueso esternón.

Y de ello, Gonzalo de Carvajal, para feliz testimonio, guardaba anotados cada uno de los felices sucesos en que tan extraordinaria cura causó tan extraordinario remedio.

 

FUENTE:

HINOJAL SANTOS, JOSÉ LUIS. Magia y superstición en la vieja villa de Cáceres.

SUÁREZ DE RIBERA, FRANCISCO. Medicina Ilustrada, Chymica observada, o Theatros Pharmacologicos, medico practicos, Chymico-Galenicos.

 

José Luis Hinojal Santos

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