– Señor, ¿juega conmigo? – una voz lúgubre, triste, resuena en el silencio.
Algunas noches, muy de vez en cuando, a los tranquilos paseantes que gustan disfrutar de un paseo por las calles intramuros, se presenta de súbito, surgida de las sombras, una niña, con la piel azulada, el rostro hinchado y los ojos marcados de espanto. Lleva en sus manos una pelota, con la que quiere continuar un juego que comenzó hace más de un siglo y que una tragedia impidió terminar.
* * *

El último día vestía, toda de blanco, un traje infantil que se imponía en las clases pudientes de la villa de Cáceres a finales del XIX, con encajes en cuello y mangas, falda de volantes, cinta en el talle, medias largas y botas de raso. Sus perfectas trenzas bailaban en el aire en cada uno de sus movimientos, mientras chocaba una y otra vez la pelota en los muros de las casonas y recitaba a cada bote:
Se cruzó de brazos…
Cortó una rosa…
La más hermosa…
La deshojó…
Y a su mandilillo…
(Canción tradicional de juego con pelota)
Atrapó finalmente el juguete con su falda, ensuciándola en día de fiesta. Jugaba despreocupada, y despreocupados estaban quienes debían cuidar de la niña.
* * *
– ¡Señor! – repite al paralizado desconocido la invitación-. ¿Juega?
* * *
Seguía botando la pelota, mientras caminaba, saltaba, cantaba por las calles. Por la cuesta de la Compañía, por la plazuela de Golfines, por la calleja del Río…
La calleja del Río era el antiguo nombre de la actual Cuesta del Marqués, que comunica la plaza de san Jorge con el Arco del Cristo. Por entonces, no existía tal plaza.
La pelota se escapó de sus manos y la niña salió corriendo tras ella, sorteando con sus botas de raso el irregular e incómodo suelo de piedras. Era en vano: se alejaba y alejaba rápidamente; parecía inalcanzable, hasta que cayó en un pozo del que no se guarda memoria. La pequeña llegó, y tratando de alcanzarla, se precipitó al oscuro agujero.
Nadie la vio caer.
Nadie escuchó sus angustiados gritos.
Allí, al poco, murió.
Ahogada.
Con su pelota.
* * *
– ¡Señor…! – vocifera más alto.
Y tras el grito desaparece, dejando un apagado eco. Con su vestido blanco, sucio, raído, olor a rancia humedad. Con su vieja pelota sujeta entre sus manos. Regresa sola a la profundidad del pozo donde se ahogó sin que la socorrieran. Esperando que alguna noche alguien quiera jugar con ella a su macabro juego…
…Pues dicen que de aceptar su invitación, la grácil aparecida llevará al incauto a la cisterna donde quedó atrapada para siempre, y que algunos creen que es la que existe a los pies del antiguo seminario jesuita, en el jardín de Cristina de Ulloa.
FOTO DE CABECERA: Calleja del Río (actual Cuesta del Marqués), 1902. Foto de Gabril Llabrés.
FUENTES:
HINOJAL SANTOS, JOSÉ LUIS. Historias y leyendas de la vieja villa de Cáceres.
HINOJAL SANTOS, JOSÉ LUIS. Magia y superstición en la vieja villa de Cáceres.
Que miedo! yo soy de esos que no puede ver una película de terror sentado porque me ponen de los nervios, la historia es sobrecogedora,muy buen relato. Gracias por compartir!
Muchas gracias, Juan Carlos. Al respecto de esta leyenda, tuve contacto hace un par de años con una persona que decía haber escuchado extraños ruidos de botes de pelota, en la zona de la plaza de san Jorge, y que desconocía esta historia.
Genial! He descubierto el blog hace poco y es sencillamente genial. Gracias.
Gracias "Poeta Muerta". Me alegro mucho por tu comentario, a lo que añado el que seas escritora y tengas igualmente un blog. Saludos.
Desde qué empecé, a ver tú página,estoy totalmente enamorada de ella,
Quiero darte las gracias,por tan entrañables istoria! Un fuerte abrazo..,
Gracias de nuevo, Rosa.
no conocía la leyenda, ¿la foto de la cuesta del marqués aparece en algún libro? Saludos!!
La foto, como puedes observar, es antigua y está tomada de la web /www.fotosantiguasdecaceres.es