Cáceres en sus piedras

Extravagancias

 

ALJIBES Y VELETAS

  – ¡Esta es la casa de las Veletas, en lo alto de la vieja villa! – No veo veletas, José Luis. – No las hay, ni se cree que las hubiera antaño. – ¿Entonces…? – Cuentan las malas lenguas que antes, desde el viejo y duro camino procedente de Trujillo, lo primero que adivinaba la gente cuando en lontananza empezaba a emerger la silueta de Cáceres, eran la espadaña de la iglesia de san Mateo, la torre de las Cigüeñas y los pináculos de la casa de los Aljibes… – ¿La casa de los Aljibes…? – Sí. Antiguamente, así…

UN CRÁPULA CACEREÑO VESTIDO DE AULLÓN

  Se cuenta que, en el lejano año de 1822, el noble cacereño José de Ulloa se encaprichó de la bella hija de un preboste de la villa llamado Manuel Fernández de Guevara, un teniente de caballería que por aquellos tiempos ejercía de concejal del Ayuntamiento y que luego fue procurador de la Real Audiencia. El padre, como era conocedor de la fama de mujeriego que lustraba aquel caballero, intuyendo las poco escrupulosas intenciones que guardaba para con su preciado retoño, impidió por sus medios que aquél siquiera se acercara a su casa. La cerrazón paterna, unida al indudable valor…

EL DEMONIO SON LOMBRICES

  Cuenta el doctor Francisco Suárez de Ribera que, recién llegado a Cáceres sobre el año 1722 para ocupar su puesto de médico, uno de sus primeros casos en la villa, del que tuvo conocimiento por casualidad, fue el de un lugareño al que habían desahuciado sus colegas por endemoniado. El enfermo en cuestión un día quedó postrado en el lecho, aquejado de un grave malestar. Avisado, en su casa se personó uno de los anteriores galenos de la población, quien nada más verle dictaminó que su mal procedía de un dolor de costado. Sin más investigación del caso, convencido…

HISTORIA DE UN BANCO DE MADERA

  Hubo una vez un soldado, firmemente apostado al lado de un banco de madera cercano a la Real Audiencia de Extremadura. En realidad, no era un único soldado, sino varios, pues se turnaban durante el día, todos los días, para vigilar e impedir que nadie no ya se sentara, sino tan siquiera se acercara a unos metros del asiento. Se desconocía a cuento de qué tan extraño servicio, pero… En fin, eran – ¡Órdenes de la superioridad! Así que, llegado el momento de cada relevo, acudía nuestro soldado, que cuando se dice uno se mencionan a todos, adonde el…

GARROTE PARA UN CURA II

  (Toma el hilo desde el principio, haciendo clic aquí) Del silencio y la humedad de la calleja de la Cárcel pasó a la calle Nidos, donde esperaban impacientes los primeros curiosos. El reo José Rodríguez escuchó los primeros insultos, su cara y la túnica blanca con la que le habían vestido para la ocasión recibieron las primeras mancas de barro y heces. Los más que asistían a la infamia, sin embargo, guardaban silencio y bajaban la cabeza al pasar la comitiva por su lado. Los alguaciles abriendo paso, el verdugo sujetando las riendas del caballo donde iba montado el…

GARROTE PARA UN CURA I

  Aquella mañana del viernes 18 de octubre de 1839 había nacido fría, con el cielo rasgado de nubes conservando entre ellas su azul intenso y algo de viento. Una multitud venida de todos los rincones de la vieja villa de Cáceres iba copando desde primera hora los lados de las calles por las que en breve transitaría el anunciado paseo de la infamia del reo José Rodríguez; desde donde se hallaban las cárceles de la Real Audiencia de Extremadura hasta el cerro donde se alzaba aún el rollo de la villa, la columna de la vergüenza que había caído…

LA REBELIÓN DE LAS MONJAS

  – El obispo era de rostro fino, ” alargado. ” Los ojos miraban fijamente, ” con dureza. Don Pedro García de Galarza puede pasar por ser el más conocido y recurrente obispo de Coria al menos para la historia de la villa de Cáceres. Su carácter e inquietudes quedaron reflejados en uno de los personajes de la obra Don Juan de Azorín, en la que aparece la estampa del inicio. De su vida en Cáceres destacan varios episodios, alguno legendario. Quizá el más sorprendente sea la terca disputa que mantuvo con las monjas de los conventos intramuros de santa…

SOBRA ESE FAROL

  Rondando el anochecer, dos insignes y lúcidos caminantes pasean en silencio por las calles del intramuro de la antigua villa de Cáceres. La puesta de Sol aporta un juego de claroscuros que transfiere belleza y encanto en el encuentro con las iglesias,, palacios y casas humildes del pasado, que van sucediéndose tras sus pasos e impregnando de ensueños y fantasías a los viejos amigos. Apenas el murmullo acariciador de una ligera brisa les acompaña. Se suceden los minutos. La luna cobra protagonismo en detrimento del astro que va ocultándose en el horizonte. Junto a las sombras comienzan a asomar…

BODA NEGRA

  Los angelitos se asoman a las ventanas del cielo, y enmudecen escuchando cuando canta Frasco Higuero. Francisco Higuero, al que todos en su tiempo llamaban cariñosamente Frasco, era hijo de Juan Higuero, un zapatero de nuevo que tenía su taller cerca de la plaza Mayor a mediados del siglo XIX, con tan buenas manos en su oficio que llevó a considerársele maestro de obra prima. Frasco siguió los pasos del padre, pero en la villa su fama le vino no por su destreza con el cuero, sino por ser un excelente cantaor, ejercicio al que se entregaba con pasión…

EL DEGOLLAMIENTO DE LOS GILES

  El Alcázar, que coronaba orgulloso la colina en que se hallaba Hizn Qazris, no había sido derribado. La fortaleza había pasado finalmente, luego de muchos años de interminables y fallidos asedios, de manos musulmanas a las leonesas del rey Alfonso IX el 23 de abril de 1229. Las jornadas siguientes a la victoria cristiana fueron un canto a la muerte, al saqueo, violaciones… Las mezquitas fueron deshonradas y borradas del mapa, y el terreno sobre el que se alzaban se cristianizó con las primeras iglesias, santa María sobre la popular de la Medina, y san Mateo sobre la más…

HISTORIA DE DOS CADÁVERES

  Esta es una historia con cadáveres. Ciertamente verídica, si bien habrán quienes pensarán y dirán que es imaginada, al menos en aquellos de sus extremos más extravagantes, los que acarician la incredulidad de los menos crédulos. Sucedió en la villa de Cáceres, por 1813… En aquel año, las calles aún conservaban el tradicional aspecto que las acompañaba desde el lejano medievo: barro, mal olor e inmundicias, focos de las seculares y endémicas enfermedades que, con tozuda regularidad, asolaban la villa por su falta de higiene. Apenas unas pocas estaban empedradas, y bastante mal por cierto; la calle Empedrada (hoy…

EL PEQUEÑO MUNDO

  La iglesia parroquial de San Juan fue escenario, a mediados del siglo XVIII, de una trama insólita que tuvo por protagonistas el sacerdote titular, don Luis Pacheco Barragán, y un noble que respondía por el nombre de don Gabriel Francisco Arias de Saavedra, hombre de talante extraordinariamente puntilloso y declarado perfeccionista en todas las facetas de su vida. Don Gabriel era un hidalgo que mantenía buenos contactos en la Corte del rey prudente, Fernando VI, siendo su valedor ante la misma el marqués de Camarena, con quien le unía en parentesco su matrimonio con doña María Juana de Ovando….

LA RONDA

  Una noche de verano de 1534, un tal Juan de Ulloa, en compañía de varias personas, iba de ronda por las calles intramuros tañendo una guitarra con la que ponía música los cantos del grupo, sin importarles lo inoportuno de la hora y las molestias que ello podía estar causando. ¡En fin…! Lo que parecía una noche apropiada para olvidar de buena gana los calurosos días del estío cacereño… En pleno jolgorio, cruzaron sus pasos con Alonso de Villarreal, a la sazón teniente de Corregidor de la Villa, al que no debían gustarle tales demostraciones de impudicia. Reprendió fuertemente…

EL CRUCIFIJO

  Un cacereño que vivió su particular locura fue Hernando de Castro, del que algunas crónicas narran que, a mediados del siglo XVI, todos los jueves santos, en la villa de Cáceres primero, y luego en la indiana Sain, la emprendía a cuchilladas con un crucifijo, y que por tales actos fue llevado, después de muerto, ante los tribunales de la Inquisición. El tal Hernando de Castro era natural de la villa. Su padre, de igual nombre, era un portugués que casó con la cacereña Teresa de Figueroa, proveniente de familia hidalga por los cuatro costados, pero venida a menos….

EL GRAN COMETA DE 1861

  Don Alonso Montoya y Paredes fue un conocido y respetado abogado de la villa de Cáceres de mediados del siglo XIX, que probó las artes de la política para beneficio de sus paisanos en los años sesenta de dicha centuria, en que fue Teniente de Alcalde, para cuando el Ayuntamiento cacereño hacía uso del palacio de la Generala, entretanto se levantaba el que sería el actual edificio consistorial. Demostró buenas maneras en el ejercicio de la tarea pública, lo que redundó en una re-ganada consideración acerca de su persona, maltrecha desde algún tiempo atrás por el suceso que a…