Cáceres en sus piedras

Extravagancias

 

EL FIN DE LOS ALABARDEROS II

  (Toma el hilo desde el principio, haciendo clic aquí) El muñidor regresó a la parroquia, cumplida su labor de hacer sonar la matraca por las calles avisando del comienzo de la liturgia. La chiquillería que se había formado a su paso y le había acompañado, se había quedado fuera con sus alegres y despreocupados gritos y el molesto runrún de sus carracas infantiles. Los feligreses entraron en la iglesia, mirando rápidamente hacia el lado donde reposaba el Cristo Yacente, un tanto por veneración y otro tanto llamados por el espectáculo que ya protagonizaban los alabarderos. A la hora de…

EL FIN DE LOS ALABARDEROS I

  El presente relato fue galardonado con la Mención Específica en el IX Concurso de Cuentos y Leyendas de Cáceres. Premio Antonio Rubio Rojas.   Era el mayor alboroto que se recordaba en años. Muchos años. Tantos que ni siquiera los más viejos recordaban algo parecido, y no por falta de memoria. Y lo que sucedió fue — ¡En la casa de Dios! ¡Por Dios! Al término del Miserere del oficio de Tinieblas, durante el acostumbrado terremoto simulado por los feligreses con sus carracas, gritos, palmas y pateos, se elevaron sobre el fenomenal ruido insultos, amenazas y empujones, que luego…

EL TESORO DE LA SIERRA DE LA MONTAÑA II

  (Toma el hilo desde el principio pulsando aquí) II Juan de la Riva era hijo de el Arreglado, un personaje llamado Juan Francisco de la Riva que había amasado cierta fortuna a causa de su buen criterio para el negocio y, a tenor de las habladurías, por su legendaria tacañería. El tercer vástago había salido torcido en opinión del padre porque, muy a su pesar, demostró temprano un talante desprendido, defecto al que unía un acusado carácter maniático, como el demostrado cierto día de la primavera de 1863 en que los lugareños le vieron cavar hoyos como un loco…

EL TESORO DE LA SIERRA DE LA MONTAÑA I

  I Alguien vio aquella mañana, poco antes de asomar el alba, a Juan de la Riva tomar camino hacia la solana de la Montaña, inusualmente ataviado de ropa jornalera y un viejo sombrero de paja de alas raídas. Aun su bien ganada fama de caprichoso y en ocasiones extravagante, resultó extraño, no obstante, verle en hora tempranera de esa guisa, aunque sería difícil aclarar si la rareza era por la hora, por la guisa o por ambas. El hijo menor de el Arreglado, que frisaba por los treinta años de cómoda y almibarada vida, iba montado a lomos de…

EL LADRÓN DE HONRAS

  En 1446 era maestre de la orden de Alcántara don Gutierre de Sotomayor, un hombre ‘ aventajado, ‘ con prestigio ‘ reconocido por todos y por el rey de Castilla. Buen estratega y guerrero, destacó igualmente por su desenfrenado ímpetu amoroso. Y no le importó en absoluto su condición de cogullado, con el obligado voto de castidad que tal condición exigía.   Los fines de la orden de Alcántara eran la defensa de la fe, el culto divino y la santificación personal. Los freyres o caballeros profesos, siguiendo la regla de san Benito, adquirían los votos de pobleza, obediencia…

EL REGÜELDO DEL FRAILE III

  Sigue a El regüeldo del fraile II IV Vamos, al fin, a lo sucedido en las primeras horas de la tarde del domingo dieza de mayo de aquel 1868, momentos previos ‘ del comentado estampido de cañonazo… ‘ del recordado terremoto… ‘ o del… En el palacete de la Huerta del Conde, cercano a la ermita de Santi Espíritu, estaba todo preparado. Se serviría una generosa comida, dispensada por el IX marqués de Castro Serna, José María de Ulloa, bajo el guiño del abogado ideólogo de la opípara trama con la que pretendían desvelar la identidad verdadera del padre…

EL REGÜELDO DEL FRAILE II

  Sigue a El regüeldo del fraile I II El transporte llegó a las afueras de Cáceres tras unos días de incómodo y agotador viaje, procedente de Madrid. Era uno de esos carruajes llamados galeras aceleradas, en las que al poco, para amenizar y hacer más llevadero el trayecto, los compañeros de camino terminaban por trabar una interesada amistad y contarse anécdotas de todo tipo con que aliviar al menos las ocho jornadas en que estarían juntos compartiendo las estrecheces del sitio y los olores humanos ocasionados por el calor y la fatiga. El cochero levantó desde el pescante la…

EL REGÜELDO DEL FRAILE I

  I La historia de lo que sucedió en la Huerta del Conde aquella tarde, cualquiera que ella fuera en un principio, se contó en los días siguientes en Cáceres quitando menudencias que poco atraían a los oyentes y añadiendo sin prudencia tanto dramatismo que muy pronto el asunto adoptó tintes extraordinariamente grotescos. Llegó el momento en que todos los que escuchaban estupefactos cada nueva narración de los hechos, voceados con descaro en los mentideros, se convencieron de la certeza de todos los disparates, que no fueron otros que ‘ en las primeras horas de la tarde del domingo diez…

HISTORIA DE UNA EXCOMUNIÓN

  A Juan Segura le perseguían los alguaciles de la villa de Cáceres con el ánimo de prenderle y llevarle tan pronto dieran con aquel a la justicia. Otro tanto hacían los vecinos, con el mismo deseo de conocer su paradero y satisfacer su sed de venganza con un apaciguante linchamiento. Aquella calurosa mañana primaveral de 1543, poco esperaba Juan Segura que cruzara sus pasos con aquel hombre; que discutiera con él por un quítame allá esas pajas cualquiera; que las voces fueran a mayores y lo matara en un mal contenido arrebato. Aparecieron las navajas y… ¡Ni siquiera sabía…

LA APRENDIZ DE BRUJA

  Sucedió en el Cáceres del primer tercio del siglo XIX… Una fría y despejada anochecida, Mónica Rega se lanzó al vacío desde una ventana, asustando a más de un vecino, que a esa hora no esperaba tal alboroto: – ¡A Barahona! – vociferó en el aire, agarrada como una posesa a una escoba de brezo. Al grito le siguió al instante el sonido de un cuerpo golpeando pesadamente el suelo del patio interior de su casa en la calle Barrionuevo. Y suerte tuvo, pues la dama quedó quebrada, pero viva, del insólito percance. Al final, en lo tocante a…

ALJIBES Y VELETAS EN LO ALTO DE CÁCERES

  – ¡Esta es la casa de las Veletas, en lo alto de la vieja villa! – No veo veletas, José Luis. – No las hay, ni se cree que las hubiera antaño. – ¿Entonces…? – Cuentan las malas lenguas que antes, desde el viejo y duro camino procedente de Trujillo, lo primero que adivinaba la gente cuando en lontananza empezaba a emerger la silueta de Cáceres, eran la espadaña de la iglesia de san Mateo, la torre de las Cigüeñas y los pináculos de la casa de los Aljibes…     – ¿La casa de los Aljibes…? – Sí….

UN CRÁPULA CACEREÑO VESTIDO DE AULLÓN

  Se cuenta que, en el lejano año de 1822, el noble cacereño José de Ulloa se encaprichó de la bella hija de un preboste de la villa llamado Manuel Fernández de Guevara, un teniente de caballería que por aquellos tiempos ejercía de concejal del Ayuntamiento y que luego fue procurador de la Real Audiencia. El padre, como era conocedor de la fama de mujeriego que lustraba aquel caballero, intuyendo las poco escrupulosas intenciones que guardaba para con su preciado retoño, impidió por sus medios que aquél siquiera se acercara a su casa. La cerrazón paterna, unida al indudable valor…

EL DEMONIO SON LOMBRICES

  Cuenta el doctor Francisco Suárez de Ribera que, recién llegado a Cáceres sobre el año 1722 para ocupar su puesto de médico, uno de sus primeros casos en la villa, del que tuvo conocimiento por casualidad, fue el de un lugareño al que habían desahuciado sus colegas por endemoniado. El enfermo en cuestión un día quedó postrado en el lecho, aquejado de un grave malestar. Avisado, en su casa se personó uno de los anteriores galenos de la población, quien nada más verle dictaminó que su mal procedía de un dolor de costado. Sin más investigación del caso, convencido…

HISTORIA DE UN BANCO DE MADERA

  Hubo una vez un soldado, firmemente apostado al lado de un banco de madera cercano a la Real Audiencia de Extremadura. En realidad, no era un único soldado, sino varios, pues se turnaban durante el día, todos los días, para vigilar e impedir que nadie no ya se sentara, sino tan siquiera se acercara a unos metros del asiento. Se desconocía a cuento de qué tan extraño servicio, pero… En fin, eran – ¡Órdenes de la superioridad! Así que, llegado el momento de cada relevo, acudía nuestro soldado, que cuando se dice uno se mencionan a todos, adonde el…

LA MUERTE EN GARROTE DE UN CURA EN CÁCERES II

  Sigue a La muerte en garrote de un cura en Cáceres I Del silencio y la humedad de la calleja de la Cárcel pasó a la calle Nidos, donde esperaban impacientes los primeros curiosos. El reo José Rodríguez escuchó los primeros insultos, su cara y la túnica blanca con la que le habían vestido para la ocasión recibieron las primeras mancas de barro y heces. Los más que asistían a la infamia, sin embargo, guardaban silencio y bajaban la cabeza al pasar la comitiva por su lado. Los alguaciles abriendo paso, el verdugo sujetando las riendas del caballo donde…