Cáceres en sus piedras

LAUS DEO

 

– A los preceptores del monasterio del patriarca san Benito les debo ofrecer la mayor de las gracias. Cuando el común enemigo por ocho meses continuos me hizo padecer de gota, de ninguna de las maneras podía levantarme de la cama en que me hallaba postrado y era imposible para mí siquiera caminar. En el peor de los momentos, por la devoción y gran confianza hacia el gran patriarca san Benito, cuya más milagrosa imagen se encuentra en esta villa de Cáceres, fui trasladado a este santuario con gran trabajo y dificultad el 9 de mayo de 1645. Estando al lado del prior del convento del santo padre, después de la misa imploré la misericordia divina y el glorioso patriarca obró la maravilla de permitirme de nuevo caminar. Doy fe de este milagro para su perpetua memoria, quedando obligado por este favor tan grande que ha recibido este humilde suplicante. Fray Bernabé Gallego de Vera.

 

* * *

 

Fray Bernabé Gallego de Vera era prior del monasterio de san Francisco en 1644 cuando le acometió un accidente de gota que le dejó postrado en cama. Sólo con ayuda de unas muletas era capaz algunos días de levantarse y dar unos breves pasos, soportando un inmenso dolor que, al cabo de unas semanas, le impidió el realizar también este ejercicio. Durante nueve meses no pudo hacer oficio alguno, si no fuera rezar en la soledad de la celda, fracasando en él cuantos remedios se le practicaban para curar un mal que día a día aumentaba y amenazaba su propia cordura y vida.

 

Entre los citados remedios se conserva uno ciertamente extraordinario, que de vez en cuando, en el mal de la gota, había obrado notables mejorías en los casos más deplorados: polvos de hígados de ranas capturadas en el menguante de la luna del mes de marzo, machacados una vez secos y servidos al enfermo disueltos en agua de cerezas negras.

 

El prior tuvo oportunidad de utilizar para su mejoría la prodigiosa calavera de fray Pedro Ferrer, pues en aquellos años era costumbre usarla para curar males de otro modo fatales (leer La calavera prodigiosa), bebiendo el agua que hacían pasar por sus oquedades para recobrar milagrosamente la salud. Pero fueran éstas u otras recetas maravillosas, en fray Bernabé no surtieron el efecto esperado, por cuanto su mal agravaba cada día.

Cierta mañana, la del 9 de mayo de 1645, nuestro protagonista despertó de un extraordinario sueño que consideró premonitorio: el mismo Dios le había conminado en él que se hiciese llevar sin más tardanza al convento de san Benito, y elevara allí sus oraciones ante la imagen del santo patriarca.

Con gran trabajo, pues larga era la distancia y difícil el camino, varios monjes le trasladaron, turnándose como podían en el trabajo, al mencionado lugar. El superior franciscano solicitó del superior benedictino que se dijera una misa para su sosiego. Finalizada la liturgia, acabado el evangelio de san Juan, sin saber cómo ni haber experimentado nada extraordinario, sintió de pronto unas renovadas fuerzas. Se levantó por sí mismo y caminó, suscitando la admiración de todos los presentes, que al unísono levantaron sus voces:

– ¡Milagro! ¡Milagro!

El recuperado monje, agradeciendo el beneficio a la piedad y protección del Viejo, como así llamaba el pueblo a la imagen de san Benito que presidía aquel altar y a la que había dirigido sus plegarias, estampó todo este episodio y sus penurias anteriores en una obra de cierta fama y mérito que circuló por todo el reino de España, llamada Tratado sobre la Conciencia.

Asimismo, para recuerdo y testimonio de lo sucedido en su persona, y mover la fe y la esperanza de cuantos a la gracia de san Benito acudían todos los años en peregrinación a la villa de Cáceres, dejó sus fieles muletas, que le habían acompañado en su mal, colgadas en el templo.

 

FOTO DE CABECERA: Fachada de la Iglesia del monasterio de San Francisco el Real (foto de Zarateman, 2016).

FUENTES:

CRUZ, Fray JUAN DE LA. Directorium conscientiae.

HINOJAL SANTOS, JOSÉ LUIS. Magia y superstición en la vieja villa de Cáceres.

 

José Luis Hinojal Santos

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