Cáceres en sus piedras

ENTRE SERES ENCANTADOS

 

Dicen que los fantasmas son personas fallecidas que, por cualquier motivo, son obligadas a transitar por el mundo de la vida, mostrando su infortunio y el profundo dolor y desgarro que les deparó su paso por él. Estos espectros conservan su apariencia humana, pregonan su desesperación, la sinrazón que les llevó a deambular como espíritus en pena; escenas, no obstante, cotidianas en una villa orgullosa y singular.

Otros, no obstante, su destino les llevó a una suerte distinta, pero igualmente trágica. Fueron, por obra de palabras o conjuros, condenados a transformarse, en tiempos o lugares determinados, en seres encantados, o reducidos a voces y murmullos sólo audibles en la noche y en la soledad de las antiguas calles.

De ellos damos cuenta los que hubo (y hay, por qué no decirlo) según nos llega de la tradición…

En las noches de san Juan, cada 23 de junio, los maleficios aligeran sus cadenas, y los malditos son capaces de abandonar los cautiverios a que los confinan. Cuando suenan las campanas de la medianoche, se abren las secretas puertas de un pasadizo oculto, el de la traición por el que quedó encerrada la hija del Qaid y sus criadas, por cuya culpa los cristianos violentaron la villa cuando ésta era fortaleza musulmana. Con el último tañido, se inicia una trágica y lastimera procesión. Las moras encantadas vagan por las oscuras calles intramuros, convertidas en gallina y pollos de oro, hasta el amanecer en que vuelven a su prisión, allí donde las confinó para siempre el orgulloso padre con un terrible conjuro. Allí permanecerán aletargadas, esperando la próxima noche de san Juan.

Otros dicen que la hija murió encadenada a los pilares del aljibe de la casa de las Veletas, maldecida y allí abandonada por su padre para que agonizase lentamente entre la humedad y el frío de las aguas. La dama del aljibe murió llorando desconsoladamente la traición de su amante cristiano, hasta que se ahogaron sus voces para siempre. Se escuchan hoy murmullos, apenas perceptibles, que surgen de lo más profundo del estanque: son los desesperados sollozos de la mora.

Igual víctima de un conjuro quedó atrapado el mono de la casa de los Cáceres-Nidos. Sometido a crueles experimentos y torturas inimaginables por obra de un alquimista, se rebeló y escapó de las manos de su cuidador, el tiempo suficiente para que, en la locura de su ira o por la ira que mostraba su locura, diese muerte a la familia de su amo. Antes de su último aliento, éste le maldijo y le convirtió en piedra… pero no logró enmudecer su rabia, pues algunas noches hay quienes dicen escuchar gritos no humanos de dolor y desesperación cuando pasan junto a la mansión.

Parecido destino fue reservado a las gárgolas de la casa del Mono. En las noches en que la Luna brilla con mayor intensidad y confiere un halo mágico a las calles de la parte antigua, las formas pétreas de estas gárgolas se dibujan fantasmagóricamente en los muros cercanos, plateados por la luz del satélite. Reviven la cruel escena de la muerte de sus protagonistas, cuando el anciano alquimista transformó su familia, antes de fallecer, en los esperpénticos canalones de la casa.

Lejos de allí, en el monasterio de san Francisco, se cuenta que, en cuanto el Sol se pone tras el horizonte, una lechuza encantada sale de su escondrijo en lo más oculto de la iglesia, y hasta el alba picotea y araña con sus garras los escudos y sepulcros de los linajes de Ulloa y Golfín. Es la orgullosa y arrogante María de Ovando, otrora dama de negro, quién demanda que los blasones de su familia prevalezcan sobre los de sus rivales, y no cesará en esa eterna tarea en tanto no le concedan el deseado privilegio.

Y más lejos aún, en la cueva de la Becerra, en la zona del Junquillo, antiguamente allí acudían en las noches de san Juan. La becerra salía por arte de encantamiento de lo más profundo de la cavidad, mugiendo por la libertad de la que disfrutaría esa noche, y según la dirección que tomara en su carrera, así soplaría el viento con más frecuencia durante el año, previendo, además, si sería rico en lluvias o de sequía.

 

FOTO DE CABECERA: Aljibe del palacio de las Veletas.

 

FUENTES:

ESCALÓN, ALONSO DE. Historia miscelánea de la vida de sor Juana de la Madre de Dios, religiosa en el convento de Descalzas de la Purísima Concepción en la villa de Cáceres.

HINOJAL SANTOS, JOSÉ LUIS. Magia y superstición en la vieja villa de Cáceres.

HURTADO DE SAN ANTONIO, RICARDO. Leyendas del monasterio de san Francisco de Cáceres.

 

José Luis Hinojal Santos

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