Cáceres en sus piedras

LA NOVIA DE EXTREMADURA

 

Muy pocos lugareños que sean preguntados acerca de quién fue Tecuixpo Ixtlaxochitl narrarán su historia. No conocerán siquiera su nombre y su ligazón con Cáceres.

Copo de Algodón, que así podía traducirse, fue hija, la favorita, del emperador azteca Moctezuma II y de Tezalco. De su vibrante vida se sabe que cuatro veces quedó viuda de sus cinco matrimonios, a los que habría que sumar el que fuera amante a la fuerza de Hernán Cortés.

Las viejas crónicas la describieron con rostro algo parecido al de las castellanas y piel con matiz de india; ojos grandes y negros, de mirar apenado; nariz aguileña, boca chica. Diríase que tenía el corazón en los labios, pues tal era su forma y el amor que ponía en todos sus dichos y palabras.

Muerto el padre tras recibir una lluvia de pedradas de sus súbditos, que le creían en connivencia con los españoles, con apenas diez años Tecuixpo representó los derechos dinásticos de un imperio que se derrumbaba irremisiblemente por fuerza de Quetzalcóatl, el poderoso dios que los suyos creían representado en el invasor, Hernán Cortés, a su llegada.

Esos derechos fueron causa de que a tan corta edad casara con su tío Cuauhtlahuac, águila sobre el agua, para que todo quedara en casa.

 

A Cuauhtlahuac los españoles le llamaron erróneamente Cuitlahuac, “excremento”, y por este falso nombre es conocido en los libros de Historia hispanos. El error fue por culpa del desprecio o burla que por el mexica sentía La Malinche, una de las diecinueve mujeres dadas como tributo por los indígenas de Tabasco al perder una batalla contra los invasores. Fue consejera, intérprete y amante de Hernán Cortés, con quien tuvo uno de los primeros mestizos surgidos de la conquista del imperio Azteca, Martín.

 

Muerto éste tres meses después de viruela, enfermedad introducida por los españoles y desconocida en aquellas tierras, la misma idea la llevó a contraer matrimonio con un primo suyo, Cuauhtemoc, águila que desciende.

Por motivo de esta unión y por el tribunal de la Historia, Cuauhtemoc se convirtió en último huey tlatoani o emperador mexica. Fue preso de los españoles por el cacereño García Holguín. Sufrió toda suerte de tormentos para que revelara dónde se escondían las riquezas y tesoros de su familia, es decir, de la de Tecuixpo. Los soportó hasta su muerte, tan estoicamente que cuenta la leyenda que un noble azteca, compañero en esas circunstancias, se quejó a su emperador y compañero de mazmorra, del trato que le infringían los españoles, a lo que respondió, entre terribles dolores su rey:

¿Acaso crees que yo estoy en un lecho de rosas?

 

Esta expresión tan conocida hoy, en realidad la popularizó el novelista mexicano del siglo XIX Eligio Ancona, que la puso en una de sus obras históricas como salida de la boca del emperador durante su cautiverio. La respuesta de Cuauhtemoc fue más bien “si estaba él en algún deleite o baño”.

 

Corría el año 1525. Muerto también su segundo esposo, con quien no tuvo ni tan siquiera tiempo para procrear hijos, con quince años la obligan a bautizarse y a llamarse en adelante Isabel de Moctezuma, que sus compatriotas convertirán en Isapelzín (“zin” o princesa). Y como tal comienza su periplo matrimonial extremeño, por lo que pasará a ser conocida por los historiadores como

¡La Novia de Extremadura!

Al año es obligada a contraer matrimonio con el alcantarino Alonso de Grado, que, siguiendo la siniestra suerte de sus antecesores en tales ocupaciones, fallece al poco tiempo, no más de un año. Quedó viuda por tercera ocasión a la edad de diecisiete años.

Hernán Cortés entró de nuevo en la escena de su tumultuosa vida. La llevó consigo y con él, Isapelzín tiene su primera hija, Leonor, no perdiendo en ello su honra al haber sido violada. Quizá por ello nunca reconoció a la niña. El Conquistador la obligó a casarse con su mozo de espuelas, Pedro Gallego de Andrade, natural de Burguillos del Cerro, que corrió igual destino en el tálamo que los anteriores. Murió, apenas tres años después.

No asustándose por tal expediente, finalmente el cacereño Juan Cano de Saavedra la tomó por esposa. Con él vivió Isabel el resto de sus días, y con él compartió sus riquezas, las que le quedaban, y cinco hijos. Fueron sus descendientes quienes levantaron el llamado palacio de Moctezuma, aunque ella no pisara nunca estos territorios.

 

FOTO DE CABECERA: Vista en panorámica del palacio de los Toledo Moctezuma.

FUENTES:

GARCÍA MORALES, FERNANDO. Ventanas a la ciudad.

HINOJAL SANTOS, JOSÉ LUIS. Historias y leyendas de la vieja villa de Cáceres.

LÓPEZ DE MENESES, AMADA. Un compañero de Hernán Cortés, Juan Cano de Saavedra, yerno de Moctezuma.

MUÑOZ DE SAN PEDRO, MIGUEL. Doña Isabel de Moctezuma, la novia de Extremadura.

 

José Luis Hinojal Santos

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