Cáceres en sus piedras

EL MONO ENCADENADO. LEYENDAS DEL MONO I

 

La casa de los Cáceres-Nidos, en la calle Andrada, es popularmente conocida como casa del Mono. Este animal es protagonista indiscutible en sus muros, pues en fachada, escudo esquinado e interior aparece representado. Es normal, por tanto, que alrededor de su presencia se hayan tejido historias, a cual de ellas más extraordinaria, que dan al edificio un aire singular en la villa intramuros, y parada obligatoria para los amantes de leyendas y anécdotas.

Bajo el blasón familiar de la única esquina que la mansión concede a la calle, un mono parece protegerla adoptando un mueca de ferocidad, que nos recuerda que este primate era considerado en el Medievo como encarnación del demonio. Otro se adivina, o más bien queremos imaginarlo así, en los brazos de la mujer doliente que da vida a la gárgola central que corona la fachada. Y un tercero, cincelado bellamente en el pasamanos de la escalera que parte del coqueto patio interior dirección a la primera planta; encadenado y vigilado por lo que semeja un criado o un esclavo.

 

Hace siglos fue costumbre de algunos religiosos caminar por esos campos de Dios llevando encadenado un mono, considerado símbolo del diablo, y de tal modo se presentaban en las villas y aldeas. Con el tiempo, la figura de un mono encadenado se convirtió en una alegoría del dominio sobre el demonio y el mal y de protección frente a los malos augurios o la fatalidad. Esa fue, quizá, la intención de quienes construyeron la casa de los Cáceres-Nidos, dejando testimonio  de su deseo en la talla del pasamanos y en la siempre amenazante y aterradora labra bajo el escudo esquinado.

 

La más antigua y menos conocida de las leyendas del Mono se inspira precisamente en la labra en piedra del pasamanos. Nos transporta a una tragedia que, hace siglos, ensombreció esta casa…

Cuentan de un rico mercader, casado con una bella mujer, con quien tenía un hermoso niño. A pesar de aparentar ser cristiano viejo a ojos de la villa, guardaba con celo su pasado judío, como tantos otros que fueron obligados por los Reyes Católicos a decidir si renunciar a su religión y profesar la fe verdadera, o ser irremediablemente expulsados de Castilla y Aragón.

El mercader, oculto a los ojos de su familia y de criados y esclavos, se dedicaba al difícil y prohibido estudio de la alquimia y otras artes oscuras, y para sus prácticas arcanas utilizaba ocultas estancias y olvidados pasadizos sólo por él conocidos.

 

Mono encadenado en la casa de los Cáceres-Nidos

 

En uno de sus viajes adquirió un mono con el que explorar y probar nuevos y macabros ensayos y pócimas, y así, lo hizo sujeto de sus experimentos, a cual de ellos más cruel y fuera de toda razón. El animal padeció, desde entonces, terribles e inimaginables tormentos y privaciones, terminando por enloquecer.

Cierto día en que la vigilancia a que lo sometía un criado de raza negra era liviana, escapó del misterioso túnel en que estaba confinado y, enajenado y resentido, atacó y dio muerte a su cuidador y luego al resto de personas que vivían en la casa.

En su último aliento, el comerciante maldijo al mono con un profundo anatema… Conjuró al animal a una eterna condena, pues yacería encadenado y convertido en piedra para siempre en el patio de la casa donde había acabado con la vida de su familia, sujeto por el criado que permitió, con su descuido, la locura que se cernió sobre la casa.

Y para mayor testimonio del drama vivido, aún le dio tiempo, antes de morir, de transformar a su mujer y a su hijo, que yacían a su lado, y a él mismo, en las terribles y patéticas gárgolas que coronan la fachada.

Leer más

 

FUENTE:

HINOJAL SANTOS, JOSÉ LUIS. Historias y leyendas de la vieja villa de Cáceres.

 

José Luis Hinojal Santos

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.